Formación para nuevos educadores: “Queremos educar a los estudiantes para la vida”

A medida que el mundo cambia y se transforma, la sociedad y las personas debemos adaptarnos constantemente a las nuevas situaciones que se nos presentan. Los educadores y las educadoras debemos amoldarnos a estos cambios de forma rápida y eficaz, ya que somos quienes trabajamos con las futuras generaciones y los actuales y futuros ciudadanos.

En nuestro ámbito, la innovación y la mejora continua son más que necesarias para poder dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad y de esta forma, afrontar nuevos retos y metas.

En las últimas décadas, los roles profesor-alumno han cambiado considerablemente. El docente ha sido considerado hasta hace poco como el centro de la enseñanza; era quien transmitía los conocimientos de forma mayoritariamente oral en sus clases magistrales. El principal objetivo de la educación era que los estudiantes adquirieran unos conocimientos fijos, principalmente mediante la repetición y la memorización. Por lo tanto, la participación del alumno se situaba en un segundo plano.

Hoy en día, sin embargo, el alumno se sitúa en el centro; es el propio protagonista de su proceso de aprendizaje. En cuanto a la relación profesor-alumno, cabe destacar que es más cercana. En este nuevo paradigma, el docente es quien guía y orienta a los alumnos y alumnas. El objetivo de la educación es educar ciudadanos críticos y globales, capaces de dar respuestas coherentes, sostenibles y reflexivas a los retos que se les presentan. Los educadores y las educadoras queremos formar estudiantes comprometidos con la sociedad y quienes participan de forma activa en la resolución de problemas tanto locales como globales.

Para la consecución de dicho objetivo, consideramos esencial la innovación y la formación constante: claves indispensables también para asegurar la mejora continua.

Cada estudiante es singular; todos ellos son diferentes entre sí. Las necesidades, los intereses, las motivaciones y los pre-conceptos de una misma clase son muy diversos. Somos los educadores quienes tenemos que dar respuesta a cada uno de ellos y quienes debemos asegurar el desarrollo pleno e integral de los mismos. Los comienzos nunca son fáciles y tampoco lo son para los nuevos educadores. Al principio reina la inseguridad, pero poco a poco, a medida que nos formamos y que experimentamos la práctica, a medida que vamos hacia adelante y gracias a la colaboración y a la investigación, conseguimos alcanzar nuestra meta.

En Jesuitak recibimos formación continua en diversos ámbitos: gracias al grupo de investigación de la facultad de educación Mondragon Unibertsitatea-HUHEZI, estamos trabajando nuevas propuestas y metodologías educativas; también seguimos con la formación en TIC y el aprendizaje colaborativo; continuamos diseñando y planificando sesiones de convivencia ajustadas al nivel y a la edad de los alumnos; fomentamos la coeducación en las aulas y en la sociedad… todo ello de la mano de diversas instituciones. Trabajamos cada uno de estos temas en pequeños grupos y compartimos los proyectos con toda la comunidad educativa para poder conseguir nuestro objetivo: ser un centro innovador y transformador.

Además, los nuevos educadores recibimos una amplia formación relacionada con la historia, la misión y la visión del colegio y de la Compañía de Jesús. Algunas educadoras somos ex-alumnas del centro; otras, sin embargo, hemos iniciado nuestro camino como educadoras en Jesuitak. Aunque esta formación sea la misma para todas nosotras, la forma en la que la vivimos y sentimos es muy diversa y personal.

Las que hemos crecido en este centro conocemos desde muy pequeñas los pilares del colegio. Sin embargo, debemos admitir que, gracias a esta formación para nuevos educadores, nos hemos dado cuenta de que conocemos muy bien nuestra propia historia y la del centro; que la tenemos muy interiorizada y que ejercemos nuestra práctica según lo que hemos vivido y nos han enseñado. La formación nos ha ayudado a conocer el centro desde sus raíces; a comprender la misión y la visión; a conocer el recorrido de los Jesuitas y la Compañía de Jesús; a reconocer que todos los colegios de la Compañía trabajan, comparten y viven en red

Todo ello nos ha ayudado también a situarnos mejor en el centro y a reflexionar acerca del modelo que queremos ser para nuestro alumnado; a reflexionar en torno a las razones que nos mueven a ser lo que somos y a hacer lo que hacemos. En nuestra opinión, la formación, tomada en su sentido más amplio, es totalmente necesaria para innovar y mejorar nuestra práctica docente.

La educación es la herramienta más poderosa que existe para transformar el mundo. Las nuevas educadoras queremos formar ciudadanos críticos, activos y justos, que tengan la solidaridad y el bienestar común como fundamento; siendo nosotras mismas un referente para ellos. Nuestro colegio sigue haciendo historia; la idea y el sueño que unos pocos compartieron hace años sigue su camino. Las nuevas educadoras hemos tomado el testigo de Ignacio; hemos emprendido nuestro viaje y poco a poco vamos encontrando nuestro lugar acompañadas de nuestros compañeros y compañeras. Es nuestro objetivo dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad y del propio centro. Tenemos claro que la formación, el aprendizaje y el compañerismo son claves para conseguirlo.

Olatz y Alaia

Categoría: Incidencia social

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