Estamos celebrando la Semana Ignaciana de lunes a viernes

Esta semana será especial para nuestro colegio; como cada año, celebraremos la Semana Ignaciana con las alumnas y alumnos de todos los cursos. Del 22 de octubre al 26 queremos recordar quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, y para ello, haremos actividades especiales.

Siguiendo nuestro lema de este año, queremos invitaros a sentir las ” llamadas”. Más aún, a responder, ya que cualquier aventura comienza con una respuesta.

Recordar, conocer y celebrar

Siendo el nuestro un colegio de Jesuitas, queremos acercar a los estudiantes a la Compañía de Jesús  y a la identidad de los Jesuitas, para que tengan un conocimiento integral. Para ello, entre otras cosas, indagaremos en la vida y acciones de Jesuitas que han tenido gran importancia durante la historia; conjuntamente con San Ignacio de Loyola, también conoceremos a Francisco Javier, Ignacio Ellacuria, Pedro Arrupe o Monseñor Romero.

En diferentes espacios del colegio, en las clases y varios momentos del día se podrá apreciar que estamos celebrando la Semana Ignaciana. Recordaremos quiénes somos los Jesuitas con actividades adecuadas para cada franja de edad: en busca del tesoro, obras de teatro, ver películas y reflexionar, compartir testimonios y conferencias, coloquios, conocer proyectos y personas de la Compañía de Jesús…

Durante esta semana tendremos un programa especial, con actividades para cada etapa: Hemos organizado temas y actividades diferentes, para todos los alumnos y alumnas, desde Educación Infantil hasta Bachillerato. Los más pequeños también se sumergirán en la vida de los Jesuitas, a través de oraciones, canciones, cuentos o dibujos.

En primaria, la búsqueda del tesoro será la actividad más divertida y bulliciosa. Los de primero de la ESO ofrecerán una obra de teatro sobre las aventuras de Francisco Javier para sus familias y amigos (el día 25, jueves a las 17:30). Los de tercero de la ESO irán a visitar Loyola el 26 de octubre, el lugar donde comenzaron las aventuras de Ignacio.

Este año, tal como se ha hecho en años anteriores, los novicios jesuitas que viven en Donostia vendrán al colegio para explicar sus vivencias: participarán en juegos, marionetas, coloquios y demás actividades. Para el alumnado será una buena oportunidad para conocer la vocación jesuita de manera directa, con testimonios cara a cara.

Conozcamos a Ignacio Ellacuría, a Pedro Arrupe y al Monseñor Romero

Ignacio Ellacuría (1930–1989) fue un jesuita original de Portugalete (Bizkaia) que dedicó su vida al trabajo por la causa de los pobres en El Salvador. Desde su trabajo como profesor universitario, y al frente de la Universidad Centroamericana (UCA) como rector, fue una voz que clamó justicia y la paz para las mayorías excluidas. La firmeza de su compromiso y defensa de los débiles le hizo ser demasiado incómodo para el régimen militar que gobernaba el país. En la madrugada del 16 de noviembre de 1989, los militares entraron en la universidad y asesinaron a Ellacuría, junto con otros cinco compañeros jesuitas y dos mujeres. (Más información disponible en este link: serjesuita.es)

Pedro Arrupe nació en Bilbao en 1907, en una familia de alto nivel cultural y social, además en torno a un ambiente profundamente religioso. En 1927 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Loiola. Su vocación misionera lo llevó al Japón, llegando en 1938 al puerto de Yokohama. Pronto aprendió la lengua y cultura japonesas. La bomba atómica de Hiroshima golpeó ferozmente la ciudad situada al otro lado de las montañas donde se encontraba el noviciado. Arrupe, gracias a sus estudios de medicina, convirtió el noviciado de donde era maestro, en hospital. Aquella experiencia trágica marcó sobremanera la vida del joven Arrupe.

Fue elegido Prepósito General de la Compañía de Jesús el 22 de mayo de 1965, a finales del concilio Vaticano II. Tuvo que hacer frente a varios decenios conflictivos: las esperanzas del postconcilio, los enfretamientos entre fe-justicia, la salida de multitud de jesuitas, de sacerdotes y religiosos, la teología de la liberación, el racismo, los intentos de dividir la Compañía, el régimen de Franco y un largo etcétera.

Viniendo de Filipinas y Tailandia, en 1981, sufrió una trombosis cerebral que le llevó a la enfermería de la Curia de Roma hasta su muerte siete años y medio después, el 5 de febrero de 1991, día de santa Agueda. Ha sido querido y admirada por muchos y hoy en día lo sigue siendo, tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Compañía de Jesús ha iniciado recientemente el camino de solicitar su beatificación. (Para más información: serjesuita.es)

El nombre completo de Monseñor Romero es Oscar Arnulfo Romero Galdames, salvadoreño. En el año 1977 fue nombrado arzobispo de la capital, San Salvador. Solo lo fue durante 3 años, pues el 24 de marzo de 1980 es asesinado de un tiro certero en el corazón, mientras celebraba la misa en el hospital donde vivía. Por defender al pueblo oprimido y denunciar a los explotadores, a cambio de 114 dólares, quisieron acallar su voz profética. El papa Francisco, no sin muchas dificultades, lo ha subido a los altares este 14 de octubre. El arzobispo Romero, “monseñor”, como era cariñosamente llamado, se comprometió a favor de los pobres, los hambrientos y sedientos de justicia y una verdadera paz. La oligarquía, ayudada por el ejército y los terroríficos escuadrones de la muerte, quiso acallar su voz valiente, pero con toda la confianza en el Dios de Jesús y en su pueblo, dio lo más preciado, la propia vida. Por todo ello es considerado santo mártir por la justicia. (Para conocer más de Monseñor Romero: jesuitasaru.org)

Categoría: Carisma ignaciano

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