“Nuestra familia es la humanidad entera”

Es bien sabido que los Jesuitas llevan alrededor de 137 años en Durango. En las últimas décadas, tanto el proyecto del Colegio San Jose Jesuitak Ikastetxea como el de la Comunidad de Jesuitas han ido respondiendo a contextos tan cambiantes como los que se han ido produciendo desde 1880. Ciertamente, estas décadas han mantenido ambos proyectos en plena vitalidad y dinamismo, buscando siempre responder con nuevos modos a los problemas de cada momento.

“Hablar de la comunidad jesuítica es difícil por lo extensa y diversa que resulta. Son miles los miembros de la Compañía de Jesús que caminan “al paso” de san Ignacio de Loyola. Quizás la faceta culta y académica, junto con la misionera, sea la más conocida de la comunidad jesuítica, pero jamás ha quedado relegada a un segundo plano la dimensión caritativa. Los brazos de san Ignacio, hoy más que nunca, siguen acogiendo a enfermos, pobres y desheredados de la Tierra. Prueba de ello es, por ejemplo, Jesuiten Etxea (Casa de los Jesuitas), en Durango (Vizcaya).” Estas son las palabras que explicaban este proyecto en un artículo publicado en Vida Nueva. Una bonita manera de mostrar el sentido de un proyecto como Jesuiten Etxea, enraizado en San Ignacio, en las personas y en la Tierra.

Es cierto que el tiempo ha ido pasando: Los jesuitas que forman la Comunidad han ido envejeciendo y, por lo tanto, el número ha disminuido. Además, el fenómeno migratorio ha ido en aumento significativamente. Esta es la principal razón por lo que la Compañía de Jesús eligió una prioridad: optó por trabajar a favor de los refugiados y los inmigrantes. La comunidad de Durango, al igual que toda la Compañía de Jesús, era consciente de que las palabras de Pedro Arrupe  tenían especial vigencia ante esta situación: la Iglesia no puede dar la espalda a las injusticias humanas y debe ser verdaderamente profética, denunciando cualquier injusticia y tratando de transformar el mundo en un lugar más justo. El padre Peter-Hans Kolvenbach, superior general de la Compañía de Jesús que recogió el legado del Padre Arrupe, afirmó en 2016 : “La opción preferencial por los pobres es un desafío que parece siempre inalcanzable…. Hoy hay otra clase de pobres: los que se ven privados de casa y patria”.

Esta nueva situación, atentamente analizada y discernida, convidó a reflexionar a la Comunidad de los Jesuitas de Durango y a soñar este nuevo proyecto: decidieron iniciar en 2007 el proyecto de acogida e integración en la sociedad de inmigrantes. Desde sus inicios, el principal objetivo ha sido ofrecer un año de convivencia, formación, incorporación social y apoyo a los inmigrantes, hombres o mujeres (en cualquier caso, hasta ahora sólo han pasado dos mujeres y dos niños).

Durante estos diez años, el proyecto ha recibido mucha ayuda de diferentes entidades y personas: al comienzo, la ayuda principal vino de la mano de la Fundación Social Ignacio Ellacuría de la Compañía de Jesús en Bilbao. Esta fundación trabaja también en el campo de las migraciones y los refugiados. Otra ayuda indispensable es la de un grupo de laicos jubilados que además de impartir clases de castellano y cultura general junto con los jesuitas, están tomando ya diferentes responsabilidades administrativas y de gestión del proyecto.

A nivel económico, el proyecto recibe además un apoyo económico necesario: a través de subvenciones de dos fundaciones (la Fundación Tapia y y de personas particulares, junto con el apoyo económico que aporta el Colegio San Jose Jesuitak Ikastetxea. La relación con el Colegio es estrecha y enriquecedora; en especial para que los que viven con nosotros compartan su testimonio con los alumnos y para que algunos estudiantes voluntarios se comprometan con el castellano y con otros estudios, haciendo su trabajo de voluntariado desde una vivencia personal.

Todo ello ha fomentado la participación e incidencia social junto con otros grupos, asociaciones e instituciones en la red social del Duranguesado, para así fomentar la interculturalidad y la interrelación entre diferentes personas y organizaciones sociales (a través de acciones de incidencia como el día de los “Arroces del mundo/Munduko arrozak”). En el ámbito oficial, los responsbales del proyecto mantienen un trabajo compartido con el mancomunado y los trabajadores sociales del ayuntamiento de Durango, especialmente con el objetivo de identificar nuevas personas y situaciones vulnerables a las que poder responder conjuntamente.

Durante la semana Ignaciana del Colegio San Jose Jesuitak Ikastetxea, hemos querido unirnos al X aniversario de Jesuiten Etxea y celebrar desde el agradecimiento el valor de este “hogar” para migrantes sin papeles que acoge, acompaña y cumple con la llamada que otros jesuitas recibieron antes. Aquella exhortación tan precisa de Ignacio Ellacuría sj se encarna hoy en las personas que formamos parte de este proyecto: “hacerse cargo de la realidad, cargar con la realidad y encargarse de la realidad con misericordia”. Si el proyecto aporta una mirada agradecida, comprometida y compasiva a la sociedad, de ella aprende y crece también el Colegio.

Queremos compartir en este artículo los testimonios vitales que han rodeado de diferente forma este aniversario: noticias en la prensa (en dobt.eus, eitb.eus, anboto.org, mugalari.info), el testimonio en la radio y en la televisión de Mariola Fernández (madre de antiguos alumnos que fueron voluntarios de Jesuiten Etxea en 2º bachiller)….

Reconocemos que las personas que han llegado a Jesuiten Etxea durante estos diez años lo han hecho de forma muy dura,  pero han visto que es posible tener un hogar al otro lado de las alambradas. Es cierto que a

pesar de que la mayoría de los religiosos tengan 80 años, han decidido conscientemente no jubilarse de ser Jesuitas, Ignacianos, pobres en el espíritu; siguen pensando en cómo reestructurar la comunidad en los próximos años. Les vemos felices, especialmente porque estos 10 años su hogar se ha convertido en el hogar de 49 africanos que han entrado para quedarse en sus corazones. Han sido amados como han amado, les han hecho felices convirtiendo

su comunidad en un patrimonio también del Reino de Dios. Vemos que su vida se ha enriquecido mutuamente; que al escucharlos, han permitido dar cauce a esa sed de justicia que determina parte del sufrimiento de los migrantes. Sabemos que esa sed de justicia no es fácilmente saciable, así que siguen denunciando el incumplimiento europeo en la acogida de refugiados.

Queremos acabar este artículo con dos referencias importantes. Ángel Ortiz de Urbina sj, superior de la comunidad anterior, matizó algo imporante sobre el pooyecto: “Jesuiten Etxea no es un albergue, ni un asilo, ni una residencia. Quiere ser una familia que se acerque, aunque imperfectamente, a la familia que han dejado en Senegal, Nigeria, Mali, el Rif, Costa de Marfil o Ghana”.

Y finalmente las palabras de un amigo de Durango, de nuestro Colegio y de Jesuiten Etxea. Juanjo Moreno sj, quien soñó y creó con su comunidad este proyecto, habló también de este sentido de familia: “Aquel codo con codo con la gente, compañeros, alumnos… que me apasionaba, lo fui viendo más plasmado cada vez en Jesús de Nazaret. Él hacía presente el sueño de Dios para todas las personas, para toda la humanidad…. Lo experimenté especialmente cuando, en la comunidad de Durango, los inmigrantes pasaron a ser parte de nuestra familia. “Nuestra casa es el mundo”, decía el P. Nadal. Nuestra familia es la humanidad entera, con Jesús como hermano, con Dios como Padre.”

Queremos que este sea un artículo de agradecimiento a tantas familias que mantienen vivo este proyecto.

A continuación, os mostramos el vídeo del X aniversario de Jesuiten Etxea:

Categoría: Incidencia social

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