Jesuiten Etxea: despedida y agradecimiento

El curso 2019-2020 ha sido especial para la Comunidad de Jesuitas. A principios de curso decidieron cerrar en junio la casa que la Compañía de Jesús tiene en Durango. Tal y como explica el jesuita Koldo Katxo, superior de la Comunidad, el vínculo con Durango y el colegio no va a desaparecer: “El cierre de la Comunidad no va a suponer, sin embargo, que nosotros, los jesuitas, nos vayamos totalmente de Durango ni que abandonemos las obras que tenemos. Ahora vemos más cerca la “diferente continuidad” del proyecto Jesuiten Etxea gracias al trabajo conjunto entre algunas instituciones, entre ellas nuestro colegio”.

Coincidiendo con la finalización del curso escolar, los jesuitas de la Comunidad de Durango irán a diferentes lugares, pero “la presencia de los jesuitas y la espiritualidad ignaciana seguirán activos en el colegio, de forma diferente. Y a lo mejor, si dentro de unos años hay jesuitas jóvenes en nuestra tierra, volveremos. Esa ha sido la razón por la que esta Comunidad sj y muchas otras se han cerrado”.

Jesuiten Etxea

La propia evolución de una comunidad y un sueño compartido motivaron la creación del proyecto de acogida de Jesuiten Etxea. En 2007, tras un discernimiento realizado por toda la Comunidad sj, decidieron responder a una necesidad concreta de Durango. Este proyecto supuso un paso más en el compromiso que los jesuitas siempre han manifestado hacia los demás y hacia el entorno. En este momento de su despedida, podemos afirmar sin lugar a dudas que la Compañía de Jesús ha dedicado su vida a la enseñanza y al proyecto pastoral del colegio, así como al mantenimiento del culto y de las actividades apostólicas para el pueblo del Duranguesado.

Inspiración

El Padre Pedro Arrupe había creado tres décadas antes, en 1980, el Servicio de Jesuitas para Refugiados (JRS), conmocionado por la dura situación de miles de personas expulsadas de sus hogares en Vietnam.

Miembros de la comunidad de Durango y la Compañía de Jesús se dieron cuenta de la importancia de las palabras de Pedro Arrupe: “la Iglesia no puede dar la espalda a las injusticias humanas y debe ser profética, denunciando cualquier injusticia y convirtiendo el mundo en un lugar más justo”. Así, en 2007, teniendo en cuenta la lección de Arrupe, y tras una larga reflexión, la Comunidad sj de Durango decidió poner en marcha un nuevo reto: trabajar en favor de las personas migrantes y refugiadas

Una decena de jesuitas -casi todos jubilados- que entonces vivían en la casa comenzaron a convivir con gente procedente del África subsahariana. Los fuertes sentimientos de pertenencia y el compromiso personal han sido desde entonces las bases de Jesuiten Etxea. Gracias a ello, durante todos estos años, se ha dado respuesta a la dramática realidad de los “sin papeles” en Durango.

“Jesuiten Etxea es una obra sencilla y humilde; no hace falta hacer un doctorado. Es abrir puertas, mirar, escuchar, ayudar y recibir: sentir lo que el otro quiere decir”. Así describían los miembros de Jesuiten Etxea su trabajo en 2017, en el décimo aniversario del proyecto.

Y es que el objetivo del proyecto ha sido ofrecer a todos los inmigrantes que pasaban por allí un periodo de convivencia, acompañamiento y formación, al menos hasta que se solucionara la situación administrativa. Al principio, para un año, pero luego respondiendo a las dificultades, se alargó a dos y tres años.

También han tenido la oportunidad de cursar estudios mientras han estado en el proyecto, pero lo que sobre todo han encontrado en Jesuiten Etxea ha sido un apoyo y una familia, es decir, una ayuda imprescindible para salir adelante.

Red de ayuda

Como señala uno de los impulsores de la iniciativa y responsable actual de Jesuiten Etxea, el jesuita Koldo Katxo, la red de apoyo que se ha creado en torno a la residencia ha sido fundamental. Además de las clases de idiomas ofrecidas por un grupo de voluntarios, todas ellas han recibido formación profesional en la localidad. Por ello, la colaboración en red que se ha establecido en Durango en torno al proyecto ha sido “imprescindible”. Así, el colegio y asociaciones como Cáritas o JAED, y sobre todo SARTU, han acompañado a los jóvenes de la casa de acogida en su trayectoria.


El proyecto, además, ha tenido una estrecha y enriquecedora relación con el colegio San José Jesuitak. Quienes han vivido en la casa, han ofrecido testimonios al alumnado del colegio, dándoles la oportunidad de conocer diferentes realidades en primera persona. Además, algunos estudiantes también han participado en el proyecto como voluntarios.

54 vidas nuevas

La primera persona que vino a la casa fue en el verano de 2007 y desde entonces han pasado por la residencia 54 inmigrantes y refugiados. Jesuiten Etxea les ha ofrecido una nueva vida a todos los que han pasado por ella. Ahora ha llegado la hora de poner fin a esta importante etapa. Pero la aportación a la sociedad y la ayuda ofrecida a esas personas que han pasado por la casa durarán para siempre.



Despedida de Koldo Katxo

El 30 de junio se celebró el acto oficial de despedida, y estas fueron las palabras de Koldo Katxo:

“Al colegio, a vosotros, unas palabras de despedida. ¿Qué decir cuando la Compañía de Jesús cumple 179 años en Durango, y el colegio 140 y yo sólo llevo 13? Pues lo más importante es daros las gracias como representantes de este histórico colegio. En Durango “buque insignia” de la Compañía de Jesús ha sido y es el colegio, sin menoscabo de otros apostolados. Colegio que va avanzando entre mil dificultades y retos. Lo que a mí me sale, sobre todo, es gratitud; porque la Comunidad no sólo se ha sentido respetada, sino también querida por vosotros, siempre juntos. Yo mismo, personalmente, porque también me he sentido acompañado y ayudado por vosotros. Me voy con pena y esperanza; con pena porque pierdo mucho por un lado, pero con la esperanza de volver; y, sobre todo, porque dejo en buenas manos mis sueños, que son cuidar y  desarrollar estos cuatro aspectos:

  1. Fe y justicia entre los jóvenes
  2. El tesoro de la espiritualidad Ignaciana
  3. La cultura vasca, el euskera, Euskal Herria y la interculturalidad.
  4. Ir construyendo una nueva iglesia a favor de los pobres, a favor de los inmigrantes, a favor de los marginados.

¡Gracias de todo corazón a todos vosotros y vosotras, porque os he tenido y hemos tenido, porque tengo y tenemos como compañeros y compañeras de viaje!



Categoría: Carisma ignaciano

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